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El boxeo, para salir de pobres

Los hermanos Aguillón conocieron al campeon mundial Érik Morales en el Centro Ceremonial Otomí. Ahí, Daniel y Gabriel, entusiastas corredores de fondo, adoptaron al Terrible como ídolo y cambiaron de deporte.
“Vimos cómo se preparaba Érik para enfrentar a Marco Antonio Barrera y nos entusiasmó el boxeo”, comparte Gabriel Aguillón, quien a sus 22 años decidió dar pausa a su carrera. Es fuerte el impacto sicológico de ver morir a su hermano en el ring.
Los hermanos Aguillón son cinco. El hermano mayor, Gerardo, de 29 años, regresó de una aventura por Estados Unidos y ahora es agente de ventas, como su padre. Su hermana, Janet, también corría. Daniel y Gabriel eligieron los golpes. Cristian, el más chico, tiene 13 años.
Disciplinado como ninguno, Daniel ponía el ejemplo en cada combate. Aunque había sufrido un par de descalabros en la capital del país, “nunca había sido noqueado, hasta este combate”, recuerda Gabriel, al borde del llanto.
“Diariamente se levantaba temprano y salía a correr de seis a siete de la mañana por todo el circuito Espejo de los Lirios. Después regresaba a desayunar y terminaba en el Gimnasio Municipal, donde entrenaba un par de horas. Trabajaba en los costales, luego a manoplear y ya, porque no teníamos espárring. Eso último lo hacíamos en el parque”, agrega Gabriel.
En cuatro ocasiones “compartimos cartel, una de ellas cuando se coronó en San Vicente Chicoloapan”.
Es una familia humilde. La de los Aguillón es una de esas historias en las que el boxeo es una opción, quizá la única, para salir de la pobreza.
Daniel casó con Yabel López. Tienen dos hijos, Érik Manuel y Fernanda Jimena, de 3 y 2 años respectivamente. Sí, Érik, como su ídolo.
La mira de Daniel estaba puesta en esta disciplina. Trascender era su deseo.
Gabriel soñaba lo mismo, pero de momento se da un respiro: “Me voy a tomar un tiempo para pensar bien, porque de antemano uno sabe del riesgo de recibir un mal golpe. Pero espero seguir adelante”.
—¿Quieres seguir?
—Le quiero llevar el cinturón a mi hermano. Quiero ser campeón como mi hermano deseaba y le quiero llevar el cinturón de campeón del mundo.
Ahorita, sin embargo, “ando muy mal psicológicamente; a la vez, no me gustaría martirizar a mis papás, que en cada pelea estén con el sufrimiento. Por eso estoy pensando bien las cosas. Mas, sí quiero llevar el cinturón del campeón del mundo”.
De momento seguirá el trabajo de su padre, como agente de ventas. “Mi papá nos apoyó a mis hermanos y a mí, porque nos permitía que entrenáramos y terminando nos íbamos a trabajar”.
En la función del pasado miércoles 29 de octubre, dos semanas después del trágico combate, hubo una función en el mismo Foro Scotiabank, a beneficio de la familia Aguillón.
Acudieron sus padres, Juan y Mercedes, así como su viuda, Yabel, y el hermano de Daniel, Gabriel Aguillón.
Pero las dos mujeres no aguantaron más y dejaron la arena poco antes de la ceremonia en la que se anunciaron los beneficios a la viuda y sus dos hijos.
“Tanto mi cuñada como mi mamá se sintieron muy mal, recordando todo, viendo golpes y por eso se salieron. Entonces mi papá y yo tuvimos que dar ahí la cara, porque ellas no resistieron”, comparte Gabriel, aún sin digerir lo ocurrido.

nOTICA CEDIDA POR el UNIVERSAL MEXICO

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