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El desarrollo del boxeo infantil y juvenil en Houston


ÁNGEL EDUARDO MINTZ
En distintos gimnasios de Houston, niños y niñas que van desde los ocho años, acompañados por sus padres, comienzan a practicar boxeo y sueñan con llegar algún día al campo rentado.

En esos gimnasios están los típicos púgiles musculosos, con narices achatadas y cejas cortadas. Pero un hecho interesante es que después de las cinco de la tarde, terminado el horario escolar, también suelen congregarse niños y adolescentes que comienzan a adentrarse en el duro deporte de los puños.

De 8 a 15 años concurren con sus padres, que aguardan en el salón como si se tratara de una clase de guitarra.

Alba Chávez, de El Salvador, acompaña desde hace cuatro años a su hijo, Fabián Canales, al Savannah Gym.

“Apenas tiene 11 años, pero a él le encanta boxear. Su sueño es convertirse en profesional”, dice Chávez.

No obstante acompañar a Fabián, reconoce que sufre mucho cuando lo golpean.

“Al principio, al ver que le pegaban me quería meter, pero cuando gana me alegro mucho. Además, el boxeo, lo ha apaciguado porque era bien enojón y ahora tiene a donde poner todo su enojo”, señala la mamá de Canales.

Fabián, con 20 peleas y que se impuso a los 10 años en los Guantes de Oro, se prepara de nuevo para este certamen, en enero.

Siria Hernández, una mexicana de Tamaulipas, asiste todas las tardes a la preparación de su hijo Adrián Ruiz, de 14 años.

“Me gusta (el boxeo) porque les enseña mucha disciplina. Él empezó porque estaba un poquito sobrepasado de peso y lo metimos para que bajara un poco. Le gustó y hace un año y tres meses que lo acompaño”, dice Hernández. “Cuando está mi hijo arriba del ring se siente una nerviosa, por si le llegan a dar un mal golpe, pero como madre quiero que él cumpla con sus ganas de ser profesional”.

“A mí me gusta mucho boxear y no siento hasta ahora que me duelan mucho los golpes”, cuenta Adrián, con 2 triunfos en 4 combates.

Educación

Ambas madres coinciden en que las prácticas ayudan al rendimiento escolar de sus hijos, pues Willie Savannah (el director del gimnasio) y su esposa, les recalcan que tengan buenas notas.

Como muchos otros chicos, estos pequeños, trabajan a las órdenes de Jesús Pol.

Oriundo de Aragua, Venezuela, el entrenador de 45 años llegó a estar en los primeros planos del boxeo amateur. Representó a su país en competiciones regionales y en el Campeonato Mundial de Alemania en 1982. Como profesional, con 38 combates fue campeón de California en 1987 y de Estados Unidos en 1988, disputó un título mundial por la corona minimosca en 1989 y, luego de vivir en Utah, se radicó en Houston hace unos 20 años.

“Me dedico a los niños y me gusta trabajar con ellos, a enseñarles lo que aprendí”, dice Pol. “Aprenden rápido y hay muchos que en un futuro pueden salir buenos. Primero los padres los traen, les doy la parte técnica, pero si después, más adelante quieren seguir en el boxeo, ya depende de ellos. Mientras tanto se van encaminando y les va gustando, como le gustó a Juan Díaz, que empezó con 8 años conmigo y siguió hasta llegar a la cima”.

Otras opciones

En pleno downtown se repite la misma escena en el Main Gym. Unos veinte niños y también algunas muchachitas cambian guantes, le dan a la bolsa y a la pera.

Con sólo 17 años, el peso pluma Miguel Flores ya ingresó en el campo profesional. Suma tras combates y con orgullo aclara que “los tres, por nocaut”. Nacido en México, es además uno de los entrenadores.

“Los chicos me miran a mí, porque saben que empecé de chiquito y quieren llegar algún día a ser profesionales, como yo, que boxeo desde los ocho años”, agrega durante un entrenamiento con al propietario del gimnasio, Bobby Benton.

Anabel Solís, oriunda de la ciudad de México, prepara las vendas de sus hijos Jonathan y Priscila, de 13 y 12 años y que hace 4 entrenan con Flores, Víctor Quintanilla, Chuy Rodarte y Aarón Navarro.

“Quiero ser profesional para poder pagarme los estudios, porque me gustaría ser abogada”, afirma Priscila.

“Me siento un poco rara y me duele que golpeen a mis niños, pero a ellos les gusta este deporte”, completa su mamá, Anabel.

En el sur de la ciudad, en el Gimnasio Puro Azteca, Roberto El Jefe Flores, un peso pesado de 29 años oriundo de Monterrey, enseña a unos 20 chicos sin mirar la condición social o su capacidad de pago alterna su preparación con las clases a sus pupilos .

“Ya cerré un gimnasio en Magnolia porque no cobraba y mantenía su funcionamiento con el dinero de mis bolsas. Ahora, tampoco todos pagan, pero con el aporte de los que pueden y las donaciones los encaminamos en el boxeo y que salgan de las calles”, concluye Flores.

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