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Enseña boxeo para sacar a los chicos de la calle

“Te aseguro que los golpes que te da la vida son mucho más duros que los que recibís arriba del ring”. Manuel Ceballos lo sabe por experiencia propia. Fue boxeador profesional durante cuatro años en los albores de la década de 1980 y hace poco perdió a su único hijo, con los 18 años recién cumplidos.

Cuando el mayor de los dolores que un padre puede sufrir entró en su vida, signada por las carencias, le provocó un vacío terrible. “Pensé que nunca me recuperaría de ese palazo pero por suerte encontré un camino por el que estoy saliendo de a poco y que me hace sentir bien”, dice. Se refiere al gimnasio que armó en su casa con máquinas y elementos que fue comprando con mucho esfuerzo y donde desde hace un mes y medio enseña boxeo a chicos y adolescentes de barrio Renacimiento y vecindarios aledaños.

Tres veces por semana a la tarde, después de las changas que hace como albañil o al regresar de las sierras, adonde va en moto a vender ropa, corre los pocos muebles que tiene en el comedor de su casa y acomoda allí la mancuerna, los cuatro mini gimnasios y la máquina para caminar. Como a las 18.30 comienzan a llegar sus pupilos.

“Ahora tengo unos 20 chicos, la mayoría tiene entre 10 y 12 años”, comenta con entusiasmo. “Viene un pibe con discapacidad intelectual por el que tenemos con mi mujer un amor especial porque es muy tierno y sensible”, cuenta el ex púgil.

Por los pibes. Cuando se le consulta cómo fue que se decidió por armar un gimnasio y qué objetivo persigue enseñando boxeo, dice sin titubeos: “Quiero que los chicos de este barrio, que está en una ‘zona roja’, puedan practicar algún deporte, alguna actividad sana, y no que se junten en las esquinas a fumar o a tomar alcohol porque no tienen otra cosa más entretenida para hacer”.

“Mi hijo estuvo en esa situación y siempre digo que si hubiera podido armar el gimnasio cuando lo tenía conmigo quizá no lo hubiera perdido”, se lamenta Manuel.

El gimnasio se sostiene con aportes voluntarios y los que pueden abonan entre 20 y 30 pesos por mes.

“Sueño con que se creen clubes o se abran lugares en todos los barrios de Córdoba para que los chicos practiquen deportes y no se tienten con cosas raras”, concluye.

Ya es hora de empezar con la rutina. Manuel prepara los guantines y termina de enrollar las vendas.

En un ratito, los chicos que están aprendiendo a boxear se pararán frente a los espejos en posición de guardia y comenzarán a sacar las manos como les enseña el maestro. Y a tratar de esquivar, con movimientos de cabeza y cintura, los golpes que suele lanzarnos la vida.

fuente:http://www.lavoz.com.ar/09/09/18/secciones/sociedad/nota.asp?nota_id=551959

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