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Víctima de las peleas clandestinas de muay thai.

El joven de 19 años se desvaneció al acabar su combate y falleció cinco días después
El Ruso Chávez, víctima de las peleas clandestinas de muay thai
La última mirada y la última sonrisa en la vida del joven de 19 años fue para su novia. Ya no volvió a despertar. Era el 29 de noviembre y Omar Jesús Chávez Oceguera, El Ruso, quedó tendido y sin atención médica especializada tras un combate de box clandestino en la ranchería La Quemada, municipio de Magdalena. Seis días después murió.

La historia de El Ruso da cuenta de la impunidad en la que se realizan peleas clandestinas en Jalisco, de la participación de una población en una tragedia, del silencio de una familia que siente el descobijo de las autoridades en un pueblo chico, infierno grande, de la pasividad de un ayuntamiento que se declara atado de manos en tanto no haya una denuncia y de las lagunas existentes en la Ley Estatal del Deporte vigente, en la que se deja desprotegida la actividad de los deportes de combate.

La vida de un deportista nato, que desde los 13 años fue al gimnasio y tenía en el basquetbol su deporte favorito, se extinguió por conceptos erróneos de la valentía y fortaleza, alimentados por la avaricia que solapó un pueblo.

El Ruso falleció el 5 de diciembre luego de permanecer en estado de coma en el Hospital Valentín Gómez Farías del ISSSTE, de Guadalajara. La fuerza de sus brazos y tórax, que trabajó durante siete años con pesas, no pudieron suplir la técnica y la experiencia para que librara la muerte.

Una contusión difusa de cráneo, complicada con una neumonía nosocomial produjo su deceso, según se asentó en el acta 1663/2008 del Servicio Médico Forense.

Pactó una pelea y la muerte

“El ganador es Camilo…”, decretó Nacho, uno de los jueces apócrifos ese infausto 29 de noviembre.

Al Ruso ya no le importó la decisión. Volteó a ver a su novia, María del Carmen para dibujar en su rostro el retozo del adiós, para después desvanecerse y nunca despertar.

Su cuerpo quedó tendido en la Casa Ejidal de La Quemada, donde se montó un cuadrilátero improvisado con lonas y una soga sujetada por cuatro personas para que protagonizara un combate de boxeo clandestino avalado por el delegado de la comunidad, Gregorio Loreto, aunque sin permisos municipales.

Omar Jesús iba a recursar el sexto semestre de bachillerato en el CBTIS, de Magdalena. Era un joven inquieto, que también se daba tiempo para trabajar de albañil –que a decir de su hermana Edith era un albañil fresa–, hacer pesas y practicar muay thai.

Con apenas seis meses de entrenamiento en el arte marcial de origen tailandés, le plantearon un reto descabellado que aceptó envalentonado y confiado en su físico: 1.85 metros de estatura, un peso aproximado a los 90 kilogramos y grandes músculos.

Camilo Arellano, vecino de La Quemada, lo buscó en su gimnasio para pactar el combate delante de todos sus amigos, pues si era tan bueno en el muay thai, también debía demostrarlo en el boxeo.

Camilo, de 25 años, trabaja en la empresa Flextronics y entrena boxeo de forma empírica. Es conocido en el municipio por su gusto por este deporte y correr en el cerro.

También por retar a otros peleadores y organizar funciones de box sin el amparo de la ley.

Omar Jesús aceptó sus condiciones para demostrar que era el mejor combatiente de la región, sin saber que también había pactado su muerte, en una función irregular, en la que el delegado de La Quemada, quien tiene una mercería, fue uno de los jueces y otros pobladores completaron el panel sin conocimiento de la reglamentación y técnica del boxeo.

El Ruso tan sólo tuvo un mes de preparación para este combate y una exhibición previa de muay thai en el municipio de Etzatlán.

La tarde del 29 de noviembre salió de su casa para dirigirse a La Quemada, población que está ubicada a 13 kilómetros de Magdalena. Se fue acompañado por sus hermanas, Edith y Melissa, además por su novia María del Carmen.

A sus padres, Alicia Oceguera y Tomás Chávez, les dijo que tendría otra exhibición de muay thai para promocionar la escuela donde entrenaba, pero la realidad fue otra.

Se trataba de una pelea sin permisos municipales ni ceremonia de pesaje ni revisión médica de los participantes, pero con la complicidad de la población que abarrotó la Casa Ejidal de La Quemada.

La función se había publicitado a través de cartelones que se pegaron en las calles de la ranchería y que después de la tragedia fueron levantados, para que no quedaran evidencias del acto ilegal que se comenta en todas partes y que a la fecha se mantiene impune.

Esa tarde el ingreso a la Casa Ejidal tuvo un costo de 25 pesos. A las afueras vendían dulces y botanas, como en cualquier espectáculo. Adentro circulaban bebidas embriagantes y se hacían apuestas.

En torno a esta pelea se reunieron cerca de 100 personas, la mitad de La Quemada y el resto se había trasladado desde Magdalena para apoyar a El Ruso. A decir de algunos testigos, que también pagaron su ingreso, entre el publico había elementos de la Policía Federal Preventiva y un paramédico, pero sin una función de vigilar el evento.

Melissa, quien acompañó a su hermano Omar Jesús ese día, se dio cuenta inmediatamente que no era una pelea reglamentada.

“Se supone que en una pelea bien pactada y todo, tiene que haber seguridad, un médico para los dos y no había nada. El ring eran unas lonas en el suelo y cuatro personas agarrando una soga en cada esquina. Los jueces eran personas de la misma población. No era una pelea bien, porque para eso tiene que haber muchas cosas”, refirió.

Melissa recordó que su hermano peleó limpio, no así su rival, Camilo, de una estura de 1.85 metros y un peso de 76 kilogramos aproximadamente, quien no le pudo conectar golpes en el rostro y a cambio le pegó en repetidas ocasiones en la nuca, para originar la contusión difusa de cráneo que terminó con su vida días después en un hospital de Guadalajara.

“El muchacho (Camilo) le pegó varias veces en la nuca, de forma amañada. (Omar Jesús) no se cayó nunca, él siguió, terminó la pelea y hasta el final cuando dieron el veredicto (triunfo de Camilo), se empezó a desvanecer. Alcanzó a ver a su novia, yo estaba con ella. Volteó y la vio, se sonrió con ella y se desvaneció, ya no volvió.

“Dos amigos lo traían agarrado, porque también se lastimó la rodilla, no podía caminar y lo traían abrazado. Fue cuando lo sentaron porque se había desmayado.

“Le hablaron a la ambulancia y tuvimos que esperar 15 a 20 minutos para que llegara. Un amigo de él quería llevarlo en un carro, pero prefirieron esperar a la ambulancia para evitar dañarlo más al moverlo.

“Había un paramédico y otro amigo de mi hermano que está estudiando, pero estaban en el público y ellos lo atendieron mientras llegaba la ambulancia. No pudieron hacerle mucho, no traían equipo, no tenían nada”, detalló.

En su esquina había sido auxiliado por su entrenador de muay thai, Felipe Bugarin, quien relató que El Ruso antes de que se desvaneciera comentó “estoy bien cansado”, para después sentarse y perder el conocimiento.

“Fue una pelea sucia, cuando se abrazaban le daba golpes en la nuca y todos gritábamos. El delegado no hacía nada, los de ahí de La Quemada y Camilo era de La Quemada, querían que ganara el de la Quemada y estuvo muy mal.

“El muchacho (Camilo) como en el quinto round lo golpeó en la espalda, así a la mala, le dio tres golpes y yo me metí. El delegado de La Quemada me gritó que no debería meterme. El referí que se llama Nacho tampoco hizo nada”, recordó.

A las 21 horas llegó a su casa en la calle Vicente Ceseña, de la colonia Miguel Hidalgo, de Magdalena, la noticia de que fue trasladado en estado grave al Hospital Regional.

Sus padres Alicia Oceguera y Tomás Chávez, no le daban crédito, toda vez que El Ruso había salido de su domicilio para participar en una exhibición de muay thai, que no ponía en riesgo su integridad física.

“No sabía nada de la pelea de boxeo y lo tomé a la ligera porque me dijo que iba a dar una demostración, pero me echó mentiras. No era cierto que iba a promocionar la escuela en la que entrenaba”, dijo desconsolada la señora Alicia, tras el sepelio de su hijo. En el Hospital Regional no pudieron hacer nada por Omar Jesús, por lo que fue trasladado al Hospital Valentín Gómez Farías de Guadalajara, donde continuó su pelea fuera del ring improvisado con lonas y una soga para mantenerse con vida, pero falleció a las 4:15 horas del pasado 5 de diciembre.

“Mi error fue pensar que era algo sin importancia y de parte de mi hijo fue una imprudencia aceptar el reto sin pensar en las consecuencias”, expresó la mamá de El Ruso.

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